Santina de Covadonga (A)
Hace 3 días
Padre, que nos amas a todos, ayúdamos a recordar el nacimiento de Jesús de manera que tengamos parte en los cantos de los ángeles, en la alegría de los pastores y en la adoración de los magos. Cierra las puertas del odio y, a lo largo y ancho del mundo, abre las del amor. Ten a bien que en cada regalo nos llegue la bondad y en cada felicitación haya buenos deseos. Con las bendiciones que Cristo trae, líbranos del mal y enséñanos a ser alegres y transparentes de corazón. Que la mañana del día de Navidad nos dé la felicidad de ser tus hijos y que al anochecer vayamos a la cama con pensamientos de gratitud y , gracias a Jesús, de perdonar y ser perdonados.
Es preciso que no restrinjas tu oración a la sola petición en palabras. En efecto, Dios no necesita que se le hagan discursos; sabe, aunque no le pidamos nada, lo que nos hace falta. ¿Qué hay que decir a esto? La oración no consiste en fórmulas: engloba toda la vida. «Por tanto, ya comáis, ya bebáis, dice el apóstol Pablo, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.» (1C 10,31). ¿Estás en la mesa? Ora: al tomar el pan, agradece a quien te lo ha concedido; bebiendo el vino, acuérdate del que te ha hecho este don para alegrar tu corazón y solazar tus miserias. Acabada la comida, no te olvides de tu bienhechor. Cuando te pones la túnica, agradece al que te la ha dado; cuando te pones tu manto, muestra tu afecto a Dios que nos provee de vestidos adecuados para el invierno y para el verano, y para proteger nuestra vida.
Acabado el día, agradece a aquel que te ha dado el sol para trabajar durante el día y el fuego para iluminar la noche y proveer nuestras necesidades. La noche te da motivos para la acción de gracias; mirando el cielo y contemplando la belleza de las estrellas, ora al Señor del universo que ha hecho todas las cosas con tanta sabiduría. Cuando contemplas a la naturaleza dormida, adora a aquel que con el sueño nos alivia de todas nuestras fatigas y, a través de un poco de descanso, devuelve el vigor a nuestras fuerzas.
Así orarás sin descanso, si tu oración no se contenta con fórmulas y si, por el contrario, te mantienes unido a Dios a lo largo de toda tu existencia, de manera que hagas de tu vida una incesante oración.
Bitácora del Cursillo de Cristiandad 449. Vivencias, recuerdos, oraciones, actos, experiencias...